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La decisión de pedir ayuda profesional

14/06/2017· Artículos

¿Por qué muchas personas no piden ayuda profesional?

Es una realidad que a muchas personas les cuesta dar el paso de pedir ayuda profesional para solucionar sus problemas emocionales, y muchas de ellas ni siquiera se lo plantean. En un mundo cada vez más complicado y en el que no nos han preparado para lo que estamos viviendo y viviremos, la figura del terapeuta o profesional de la salud mental debería estar cada vez más elevada al estándar de “imprescindible”. Estos profesionales cuya misión es la de ayudar a otras personas a sentirse mejor y superar sus limitaciones deberían ser profesionales muy cotizados y demandados por cualquier tipo de público.

 

Me atrevo a decir que hasta que no aprendamos a educar a nuestros hijos para que se crean capaces de vivir la vida desde la actitud adecuada y prepararlos a nivel psicológico para sus diferentes etapas, la mayoría de las personas necesitará ayuda profesional en algún momento de su vida o periódicamente. Otro asunto es que den el paso para tomar esa ayuda. Pero para que la mayoría de personas adultas hayan crecido con la suficiente fortaleza mental para valerse por si mismas, creo que aún pasarán algunas generaciones.

Como ya he mencionado, un buen profesional de la terapia debería de tener una gran cantidad de clientes debido a que su público objetivo es cualquier persona. Y lo cierto es que hay muchos profesionales que les va muy bien, pero para otros muchos no es así. Existen muchos motivos por los que el resultado de este sector es mejorable, pero sin duda, una de las causas es la demanda del mercado, un mercado de personas que en su mayoría no buscan ayuda profesional a pesar de que en la mayoría de los casos la necesitan.

Admitámoslo, existe un gran estigma social en torno a las terapias. No está bien visto ir al psicólogo, suena a problema grave. Tener un coach está mejor visto, pero aun así tomar la decisión es un abismo para la mayoría de personas. Un ejemplo de ello son algunas de las creencias sociales que impiden a las personas tomar la decisión de pedir ayuda:

Creen que ir a terapia es sinónimo de “estar loco”
Creen que sus sentimientos y traumas no se cuentan, que hay que guardarlos y vivir con ellos
Creen que con el tiempo todo se cura
No creen que la terapia les vaya a ayudar, no creen en sus beneficios
El problema de fondo es que no nos han enseñado a pedir ayuda. Hemos crecido en la mayoría de los casos en un entorno en el que las intimidades se escondían y mostrar los sentimientos era sinónimo de vulnerabilidad y debilidad. De pequeños nos enseñaban a dar besos como muestra superficial de cariño y con el tiempo se perdía para convertirnos en personas serias y correctas. No se hablaba de emociones ni de sentimientos. No se profundizaba en las causas de nuestro malestar, había que seguir adelante y olvidarse.

Nuestros padres no dedicaban tiempo a conocer mejor a sus hijos, a explorar sus inquietudes y deseos más profundos. Siempre nos han dicho que hay que ser fuerte y levantarse una y otra vez, olvidando de que para levantarse es importante pedir una mano a la que agarrarse , que hay que pedir ayuda. Se ha creado una sociedad individualizada en lo emocional, donde las personas compiten en lugar de colaborar.

A los niños no se les educaba para hacer equipo con otros niños, ni para expresar su opinión sin miedo a censuras, ni para expresar sus sensaciones a través de su cuerpo, su voz o sus emociones. Se nos ha olvidado el lenguaje de las emociones, siendo un tema tabú en muchos hogares porque entre otras cosas no se entiende de lo que se habla. Todo esto ha creado personas incapaces de pensar en buscar a otras personas para solucionar sus problemas. La sociedad ha maniatado la necesidad imperiosa de pedir ayuda.

En esta sociedad sin capacidades emocionales desarrolladas, todo lo que tiene que ver con las emociones suena raro y extraño, y en consecuencia no forma parte de nuestro vocabulario, ni de nuestro conocimiento. Y además tiene un efecto doblemente devastador, ya que además de la ignorancia nos encontramos con la carga negativa hacia lo emocional y lo psicológico hasta el punto que justificar que “yo no estoy loco” es un argumento vacío en forma de cortina de humo para tapar lo que realmente sentimos, y que es miedo a exponernos por dentro. Por todo esto, a pesar de que se ha avanzado bastante en el mito del papel de los psicólogos y terapeutas, todavía la sociedad sigue relacionando esta profesión con la locura. Según los profesionales, es el miedo a “sacarnos la coraza” lo que nos aleja de la terapia.

 

¿Qué hace que una personas prefiera quedarse con el dolor en lugar de enfrentarse a él?, ¿son conscientes de que sin enfrentarse al dolor no hay bienestar?, ¿vivimos en unas sociedad que en lugar de ir en busca de soluciones nos anestesiamos en la rutina con tareas, compromisos y planes superficiales?, ¿Qué pueden hacer los profesionales para reducir las reticencias?, ¿Por qué nos cuesta tanto pedir ayuda? Estas son algunas de las preguntas de cuya respuesta correcta depende la calidad y los resultados de muchos profesionales de la terapia y el acompañamiento de personas.

Si estamos de acuerdo en que la expectativa que la sociedad tiene hacia la ayuda psicológica se debe en gran medida a la educación y la transmisión de los valores e ideales equivocados, estaremos de acuerdo por tanto en que para darle la vuelta a este paradigma, tendremos que actuar desde la responsabilidad como sociedad y asumir que las personas que no quieren ir al psicólogo son unas víctimas de sus pensamientos y sus creencias.

La verdadera fuente de cambio se encuentra en las personas que tenemos mayor o menor capacidad de educar. Tenemos que empezar a ver el cambio personal como algo necesario para vivir con satisfacción y bienestar permanente, de lo contrario nos espera una vida en la que los días pasarán sin un rumbo fijo, sin un horizonte al que dirigirnos. Y conforme vayamos cumpliendo años y la vida nos vaya poniendo trabas, lo más probable será que no aprendamos a gestionar todo esto desde la verdadera capacidad que tiene un ser humano de sentir lo malo y procesarlo para convertirlo en positivo.

Los que amamos esta profesión y este estilo de vida, debemos impactar en cada persona que se acerque a nosotros de la mejor forma posible. Debemos lograr que nos vean como la solución a su malestar, y sobretodo que nos encuentren accesibles y cercanos, dispuestos a ofrecerles una ayuda sincera que va más allá de escuchar sus problemas y sus desahogos.

Debemos saber explicar con claridad y en un lenguaje adaptado a cada persona, que sin autoconocimiento no hay bienestar, y que la mejor forma de auto conocerse y la más rápida es teniendo en frente a una persona que te haga de espejo y te dirija hacia la auténtica verdad, y no la verdad que creemos en nuestras cabezas llenas de ruido mental y confusión.

Me atrevo a sugerir algunas ideas para cambiar el paradigma, para captar la atención de la persona necesitada y persuadirles para que acepten la ayuda profesional:

Debemos hacer una amplia labor de difusión sobre las valores y beneficios de la ayuda y el acompañamiento psicológico. Impactar a la sociedad con un claro mensaje de que es la única forma de llegar a un estado de salud mental y emocional verdadero. He ido a muchas charlas sobre como superar miedos y limitaciones para que los asistentes luego llamen al ponente para contratar sus servicios. Esto está bien, pero me gustaría ver un cartel de una charla que se titule “Motivos de porqué un terapeuta puede ser una de las personas más importantes de tu vida”, y en lugar de hablar de tanto “cómo”, hablar más del “qué”.
Conectar con el entorno del paciente/cliente. Acercarse a las personas indirectamente, a través de sus seres queridos. En muchas ocasiones son los propios familiares los que toman la iniciativa al preocuparse por su ser querido. Fomentemos este nicho de influenciado res.
Hacer sesiones en lugares distintos. Quizá ha llegado la hora de plantearnos salir del frío despacho o la consulta y conectar con nuestros pacientes/clientes en otros contextos. Creo que la frialdad de consulta no favorece el acercamiento.
Un terapeuta o profesional de la psicología debe amar a las personas, literalmente. Y esa pasión debe aprender cada vez mejor a comunicarse y conectar con las personas, da igual del tipo que sean. Debemos convertirnos en maestros de las relaciones, y dominar las técnicas comunicativas que nos permitan generar confianza y credibilidad desde el primer momento.

Queda mucho por hacer y por avanzar, pero merece la pena al menos pararse a reflexionar sobre las causas que provocan que gran parte de esta sociedad no dé el paso a pedir ayuda cuando aparecen los primeros síntomas de incapacidad y malestar. De esta forma daremos con las claves para cambiar la mentalidad y parecernos a los países anglosajones, donde prácticamente cada persona pasa alguna vez en su vida por las manos de un terapeuta o facilitador de cambio.

Larga vida a los profesionales de la salud mental y emocional. Sin ellos el mundo no sería el mismo.

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