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Leticia Martínez, psicóloga especializada

Bienvenid@... ¿Te encuentras en este momento buscando un psicólogo infantil, juvenil o para adultos en Vigo?

¡¡No te asustes!! “No eres un bicho raro”.

Cada día son más las personas valientes que buscan ayuda para solucionar problemas emocionales... Aprovecho la ocasión para señalar que no es nada malo considerar que necesitamos ayuda y acudir al psicólogo, sino todo lo contrario: supone reconocer que nos enfrentamos a un problema en nuestra vida que no somos capaces de resolver por nosotros mismos y que, además, tenemos la voluntad de superación.

Soy Leticia Martínez Pérez, psicóloga especializada en el ámbito clínico y en el área infanto-juvenil y adultos. Pongo a tu disposición toda mi experiencia y profesionalidad. Currículum

En esta web encontrarás respuestas a preguntas que quizás te estás haciendo: ¿Necesito un psicólogo?, ¿Qué es una terapia o tratamiento psicológico?, ¿Qué me ofrece?, ¿Sufro conflictos emocionales?...

Cualquier conflicto puede afectarte a nivel mental, físico y emocional. Por lo tanto, con un tratamiento psicológico adecuado puedes encontrar “Tu Equilibrio”.

La ansiedad de ejecución en las disfunciones sexuales

La ansiedad de ejecución en las disfunciones sexuales

01/12/2018

La ansiedad de ejecución en las disfunciones sexuales

 

Dentro de los factores psicológicos que impiden que tengamos una adecuada respuesta sexual, encontramos la ansiedad de ejecución. Así, en términos coloquiales, podríamos decir que la ansiedad de ejecución surge cuando nos preocupamos más de la cuenta por nuestro rendimiento personal en el contexto de una relación sexual.

 

Así, la ansiedad de ejecución es un tipo de ansiedad que aparece y se mantiene por las expectativas hacia una situación particular. Por ejemplo, pensemos en un estudiante que va a realizar un examen oral. El estudiante tiene unas altas expectativas de éxito, quiere sorprender al tribunal y sacar la máxima nota posible. Para ello tiene que hacerlo perfecto. Sin embargo, es tal la presión acerca de su desempeño que termina fracasando, cuando sin esta sobreactivación si hubiera conseguido la nota que perseguía.

 

En el campo de las relaciones sexuales, el miedo o ansiedad de ejecución puede discapacitar a la persona para disfrutar de una relación sexual. Por otro lado, las consecuencias secundarias pueden ser variadas, desde una merma en la autoestima a una ruptura de los canales de comunicación con su pareja. Como consecuencia de todo ello aparecerá la disfunción sexual.

 

¿Qué entendemos por ansiedad?

La ansiedad es una experiencia universal que forma parte de la condición humana. Constituye un sistema de aviso-alarma frente a una amenaza. Es una emoción acompañada de cambios somáticos y conductuales que va acompañada de una sensación de malestar. En principio, la ansiedad puede comportar una serie de ventajas adaptativas:

 

-El aumento de la activación permite focalizar la atención frente a un posible peligro.

-Prepara al organismo para este enfrentamiento: lucha o huída.

-Permite la memorización de los acontecimientos o estímulos que han provocado el miedo.

-Permite la formación de respuestas condicionadas de miedo.

-Deja que se modifiquen ciertos esquemas cognitivos.

 

Los acontecimientos de la vida diaria pueden provocar ansiedad que no siempre es patológica. P. ej., una cierta ansiedad ante un examen puede ser incluso beneficiosa. Sin embargo, cuando su intensidad o duración son excesivas, nos encontramos ante la ansiedad patológica.

 

Una forma de ansiedad patológica es la ansiedad de ejecución. Se trata de patológica porque su intensidad impide que desarrollemos de forma correcta aquello que nos proponemos. Así, si la ansiedad impide que tengamos una relación sexual satisfactoria, hablaremos de ansiedad de ejecución en las relaciones sexuales.

 

La respuesta sexual y sus disfunciones

Aunque la respuesta sexual tiene requisitos biológicos de base, se experimenta en un contexto interpersonal, intrapersonal y cultural. Así, la función sexual supone una compleja interacción entre factores biológicos, socioculturales y psicológicos.

 

En muchos contextos clínicos no se conoce con precisión el origen del problema sexual. Sin embargo, el diagnóstico de disfunción sexual requiere descartar problemas que se expliquen mejor por un trastorno mental no sexual, por los efectos de una sustancia, por una afección médica o por un conflicto importante en la relación, violencia de pareja u otros factores de estrés.

 

 

Las disfunciones sexuales

Las disfunciones sexuales incluyen la eyaculación retardada, el trastorno eréctil, el trastorno orgásmico femenino, el trastorno de interés/excitación sexual femenino, el trastorno de dolor génito-pélvico / penetración, el trastorno de deseo sexual hipoactivo en el varón y la eyaculación prematura o precoz.

 

Así, las disfunciones sexuales son un grupo de trastornos heterogéneos. Están caracterizados por una alteración clínicamente significativa de la capacidad de la persona para responder sexualmente o para experimentar placer sexual.

 

La ansiedad de ejecución en las disfunciones sexuales

El ejemplo más claro de ansiedad de ejecución lo encontramos, seguramente, en el trastorno eréctil. Esta ansiedad es desencadenada por lo que Abraham y Porto denominaron factores generadores de ansiedad. Estos factores son los siguientes:

 

-Temor al fracaso. Supone la sensación de miedo a no responder de forma adecuada ante la pareja.

-Obligación de resultados. Es la necesidad de una respuesta eréctil muy consistente, duradera y de recuperación rápida.

-Altruismo excesivo. Significa estar más pendiente de la satisfacción de la pareja, perdiendo concentración en el erotismo propio.

-Autoobservación. Consiste en estar observando el pene para ver cómo responde, lo cual había sido denominado previamente como “rol de espectador”.

Cuando un hombre experimenta trastorno eréctil o de la erección, las primeras dificultades para mantener relaciones sexuales satisfactorias probablemente aparecieron de forma casual. A partir de ahí, el varón empieza a preocuparse por el tema.

 

Las preocupaciones pueden hacer referencia a aspectos tales como “¿Y si no consigo mantener el pene erecto?”, “¿Y si no le agrado a mi pareja?”, “¿Qué pasará si no puedo realizar la penetración?” … A raíz de esas preocupaciones se van generando las hormonas del estrés, tales como el cortisol.

 

La preocupación está en la base de la ansiedad de ejecución

Las hormonas del estrés generadas por la preocupación son incompatibles con las que provocan la respuesta sexual. Entonces se produce un círculo vicioso. El hombre tiene relaciones sexuales cada vez con más presión de conseguir la erección y hacer disfrutar a la mujer. En este sentido, está condenado al fracaso.

 

La anticipación del próximo encuentro sexual despierta la misma ansiedad, junto con el recuerdo de fracasos anteriores. Muchas veces esta anticipación anula el deseo y lleva a evitar toda actividad sexual, incluyendo cualquier muestra física de afecto que pueda constituir el inicio de un encuentro sexual.

 

La otra persona puede sentirse menos querida, no deseada, poco atractiva, frustrada… No comprende que evitar la situación temida ayuda a la persona a evitar la humillación de otro fracaso, a sentirse con mayor control y menos culpable por estar “fallando”. Sin embargo, esta no es la solución.

 

La ansiedad de ejecución en las disfunciones sexuales puede tratarse de forma satisfactoria. Desde la psicología clínica se han propuesto técnicas efectivas para combatirla. Si este es tu caso, podrías intentar acudir a un psicólogo especializado. Te ayudará a solucionar tu problema y a mejorar tu relación sexual y de pareja.

Cuando desaparece el deseo en la mujer

Cuando desaparece el deseo en la mujer

01/12/2018

Cuando desaparece el deseo sexual en la mujer

 

Que una mujer no desee mantener relaciones sexuales no quiere decir que sea una frígida. Los motivos para que esto ocurra pueden ser variados, desde que directamente no tenga ningunas ganas hasta que tenga una disfunción sexual.

El deseo sexual en la mujer se puede perder en ocasiones puntales. Y es que la libido de la mujer tiende a fluctuar más que la del hombre. Distintas investigaciones, como la llevada a cabo por la Universidad finlandesa de Turku, explican que estas variaciones dependen principalmente de factores relacionados con la pareja.

Una de las causas por las que el deseo sexual en la mujer se puede ver disminuido es el trastorno de la excitación sexual femenino. Este trastorno se encuentra recogido en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5).

¿Si desaparece el deseo sexual en la mujer estamos ante un trastorno psicológico?

Cuando hablamos del trastorno de la excitación sexual femenina, el deseo sexual en la mujer desaparece realmente. Sin embargo, debemos tener en cuenta el contexto interpersonal en la que esta se encuentra.

Una diferencia de deseo, cuando la mujer tiene menor deseo de mantener actividad sexual que su pareja, no es suficiente para diagnosticar el trastorno. Como hemos visto anteriormente, podría darse el caso de que, simplemente, no le apetezca tanto como a su pareja, sin que con ello tengamos que entrar en el terreno de la patología.

 

Criterios que deben cumplirse para diagnosticar un trastorno de la excitación sexual femenino

El DSM-5 nos propone una serie de criterios para evaluar y diagnosticar este trastorno. Si no se cumplen, la mujer afectada con bajo deseo sexual no tendría ningún trastorno psicológico. Vamos a ver cuáles son esos criterios.

A. Ausencia o reducción significativa del interés/excitación sexual femenina, que se manifiesta al menos mediante uno de los siguientes puntos:

Interés ausente o reducido en la actividad sexual.
Fantasías o pensamientos sexuales o eróticos ausentes o reducidos.
Inicio reducido o ausente de la actividad sexual y habitualmente no receptiva a los intentos de la pareja por iniciarla.
Excitación o placer sexual ausente o reducido durante la actividad sexual en casi todas o todas las ocasiones (Aprox. 75-100%) de la actividad sexual en pareja.
Excitación o placer sexual ausente o reducido en respuesta a cualquier invitación sexual o erótica, interna o externa (P. ej., escrita, verbal, visual).
Sensaciones genitales o no genitales ausentes o reducidas durante la actividad sexual en casi todas o todas las ocasiones (aprox. 75-100%) de la actividad sexual en pareja.
B. Los síntomas del criterio A ha persistido durante unos seis meses como mínimo.

C. Los síntomas del criterio A provocan un malestar clínicamente significativo en el individuo.

D. La disfunción sexual no se explica mejor por un trastorno mental no sexual o como consecuencia de una alteración grave de la relación (p. ej., violencia de género) u otros factores estresantes significativos. No se puede atribuir a los efectos de una sustancia/medicamento o a otra afección médica.

Distintas mujeres, distintas formas de expresar el bajo deseo sexual

Pueden existir distintos síntomas en las distintas mujeres, así como variabilidad en la manera de expresar el interés y la excitación sexuales. Y es que no hay dos mujeres iguales.

Por ejemplo, en una mujer, el trastorno de la excitación sexual puede expresarse como una falta de interés en la actividad sexual. También se suma una ausencia de pensamientos eróticos o sexuales y una reticencia a iniciar la actividad sexual y a responder a las invitaciones sexuales. En otra mujer, o en la misma en otra etapa de su vida, las características principales pueden ser la incapacidad para excitarse sexualmente y para responder con deseo sexual a los estímulos sexuales. Esto hace que aparezca la ausencia de signos físicos de excitación sexual.

 

Los problemas en la relación de pareja pueden ser una de las causas

El trastorno de la excitación sexual femenino se asocia con frecuencia a dificultades para experimentar el orgasmo. También se asocia a dolor durante la actividad sexual, a una actividad sexual infrecuente y a discrepancias de deseo en la pareja.

Las dificultades en la relación y los trastornos del estado de ánimo también son características que se asocian con frecuencia a este trastorno. Las expectativas acerca del desempeño sexual tampoco ayudan. Los estándares poco realistas respecto al nivel apropiado de interés o excitación sexual, junto con unas técnicas sexuales pobres y falta de información acerca de la sexualidad, también pueden ser evidentes en estas mujeres.

Estos factores, junto con las creencias habituales acerca de los roles de género, son circunstancias importantes a tener en cuenta. Y es que la sociedad de la información, así como la educación sexual recibida en el pasado puede jugarles una mala pasada.

Otras causas que disminuyen el deseo sexual en la mujer

Por supuesto, como dijimos anteriormente, no todo tiene por qué ser catalogado como un trastorno. Las causas de esta disminución en las ganas de mantener relaciones sexuales también pueden estar relacionadas con el consumo de algún tipo de medicamento, como la píldora anticonceptiva o las pastillas antidepresivas.

Pero el problema puede tener su origen en algo que vaya más allá del momento en el que se encuentre con su pareja o de un tratamiento que esté siguiendo. A pesar de estar relacionado habitualmente con mujeres en edad premenopáusica, se trata de la disfunción sexual que más afecta a todas las edades.

En Estados Unidos lo padece en torno a un tercio de la población femenina, según un informe del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Oklahoma. Por su parte, la Clínica Mayo apunta a que un 40% de las mujeres lo sufrirá en algún momento de su vida.

Si eres mujer y te encuentras en esta situación (y ello te preocupa), te recomendamos que acudas a un psicólogo especialista en disfunciones sexuales. Sólo él sabrá cómo ayudarte para que vuelvas a un nivel de deseo que mejore tu calidad de vida.

 

El cuento de la vaquita, cuando la rutina nos limita.

El cuento de la vaquita, cuando la rutina nos limita.

11/11/2018

El cuento de la vaquita

 

El cuento de la vaquita relata la historia de un Maestro de la sabiduría que paseaba por el campo con su discípulo. Un día se encontraron con una humilde casa de madera, habitada por una pareja y sus tres hijos. Todos iban mal vestidos, con ropa sucia y rota. Sus pies estaban descalzos y el entorno denotaba una pobreza extrema.

El Maestro le preguntó al padre de familia cómo hacían para sobrevivir, ya que en aquel paraje no existían industrias ni comercio, ni se veía riqueza por ninguna parte. Con calma, el padre de familia le contestó: “mire usted, nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona varios litros de leche cada día. Una parte la vendemos y con el dinero compramos otras cosas y la otra parte la utilizamos para consumo propio. De esta forma sobrevivimos”.

 

El maestro agradeció la información, se despidió y se fue. Al alejarse le dijo a su discípulo: “busca la vaquita, llévala al precipicio y empújala al barranco”

El joven se quedó espantado, ya que la vaquita era el único medio de subsistencia de aquella humilde familia. Pero pensó que su Maestro tendría sus razones y, con gran pesar, llevó a la vaquita al precipicio y la empujó. Aquella escena se quedó grabada en su mente durante muchos años.

Al cabo del tiempo, el discípulo culpabilizado por lo que había hecho, decidió dejar al Maestro, volver a aquel lugar y disculparse con aquella familia a la que había hecho tanto daño. Al acercarse, observó que todo había cambiado. Una preciosa casa estaba rodeada por árboles donde muchos niños jugaban y había un automóvil aparcado.

El joven se sintió triste y desesperado porque pensó que aquella humilde familia vendió todo para sobrevivir. Cuando preguntó por ellos, le contestaron que seguían allí, que no se habían marchado. Entró corriendo en la casa y se dio cuenta de que estaba habitada por la misma familia que antes. Entonces, le preguntó al padre de familia qué había pasado y este, con una amplia sonrisa, le contestó:

“Teníamos una vaquita que nos proporcionaba leche y con la que sobrevivíamos. Pero un afortunado día la vaquita se cayó por un precipicio y murió. En ese momento nos vimos obligados a hacer otras cosas, a desarrollar otras habilidades que nunca habíamos imaginado poseer. De esta forma comenzamos a prosperar y nuestra vida cambió”.

El confort de hacer “lo de siempre”

Puede que, al igual que el discípulo, nos hayamos quedado horrorizados ante la decisión del Maestro de tirar a la vaquita por el precipicio. Sin embargo, este cuento es una metáfora sobre lo que tenemos que hacer con aquello con lo que nos sentimos muy cómodos en nuestra vida y que al mismo tiempo nos limita.

En el momento en el que esa familia pobre se quedó sin ese sustento al que se aferraban para sobrevivir no les quedó otra que buscar alternativas. Pero, en vez de descubrir más pobreza, encontraron una manera de prosperar, algo que jamás habían imaginado. Si la vaquita nunca hubiese desaparecido de sus vidas, continuarían viviendo en su pobreza, sin salir de ahí, sin creer que podrían llegar más lejos.

Muchas personas agradecen que existan momentos en su vida que, aunque dolorosos y difíciles, les obligan a salir de esa zona de conforten la que se habían instalado y permanecían estancados. Los seres humanos buscamos la seguridad, la comodidad, aquello que no nos haga sentir incertidumbre. Pero, cuando todo esto se viene abajo, descubrimos habilidades y cualidades que jamás nos habíamos imaginado. Estaban dormidas.

El cuento de la vaquita es una excelente historia que nos permite reflexionar sobre la manera en la que vivimos. Sobre todo si nos quejamos de cómo es nuestra existencia. No es necesario esperar a que un Maestro llegue para lanzar a esa vaquita que tanto nos limita por un precipicio. Podemos, desde hoy mismo, mirar más allá de nuestras comodidades para ser conscientes del potencial que tenemos. Porque no estamos limitados. Somos nosotros quienes ponemos obstáculos.

 

Cada uno de nosotros tiene una vaquita en su vida. ¿Cuál es la tuya?

¿Cómo ayudar a una persona mayor que está triste?

¿Cómo ayudar a una persona mayor que está triste?

10/11/2018

Cómo ayudar a una persona mayor que está triste

 

La tristeza forma parte de la vida y nadie escapa a ella. Sin embargo, hay etapas en las que es más fácil que nos inunde. Una de estas es la tercera edad, ese tiempo en el que comenzamos a ver la juventud como un horizonte lejano que va quedando poco a poco atrás. Muchos se preguntan cómo ayudar a una persona mayor que está triste y se siente atrapada por esta emoción, que se vuelve recurrente.

Hay varias razones para experimentar tristeza en la tercera edad. Como en la adolescencia, de pronto el cuerpo cambia y eso escapa a nuestro control. También cambia la relación con la familia y con el entorno social. Muchos dejan de trabajar regularmente en esta etapa y otros tienen que lidiar con el duelo por su pareja, amigos y sueños que probablemente ya no se van a realizar.

Ayudar a una persona mayor que está triste no es una intervención tan complicada como puede parecer en algunos casos. Es cierto que las limitaciones físicas son mayores, lo que restringe a su vez el abanico de posibilidades. Sin embargo, el margen suele ser amplio y caber en él alternativas, planes y proyectos que puedan ilusionar a la persona.

“El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza”.

-André Maurois-

Factores de riesgo para la depresión

La mejor forma de ayudar a una persona mayor en relación con la depresión es conociendo su nivel vulnerabilidad y apuntalando aquellos factores que puedan incrementar el riesgo de que la padezca. Pensemos que en este momento vital las pérdidas suelen ser frecuentes y las ganancias más excepcionales, al contrario de lo que sucede en la infancia.

 

Así mismo, hay otras circunstancias que podrían contribuir a incrementar el riesgo de caer en una depresión durante esta etapa de la vida. Estas son, principalmente:

El estado de salud. Si hay dificultades de salud, especialmente cuando son crónicas, el riesgo de depresión es mayor. Mucho más en los casos en los que están presentes enfermedades degenerativas o que implican dolor físico frecuente.
La personalidad. Alguien inseguro, o con baja autoestima es más proclive a dejarse llevar por la tristeza en la tercera edad.
La condición socioeconómica. La dependencia económica o la carencia de recursos en esta etapa genera mayor riesgo.
Vivir solo.
Tener una red de relaciones sociales escasa o nula.
Conociendo estos factores de riesgo, también se vislumbran las primeras pistas para saber cómo ayudar a una persona mayor que pueda estar triste. En principio, por tanto, lo importante es evaluar esos factores de riesgo, siempre con la persona interesada, y buscar medios para que no terminen en depresión.

 

Ayudar a una persona mayor que está triste

Ayudar a una persona mayor que está triste no es hacerse cargo de su tristeza. Lo que una persona deprimida necesita no es que “la adopten”, ni mucho menos que la compadezcan. Requiere de motivación, afecto, acompañamiento y apoyo. Pero, sobre todo, de respeto. Esto es, aceptar sus tiempos, sus decisiones, sus preferencias. Asesorando, animando, pero dejando que sea ella la que tome las decisiones. De esta manera, será más probable que cualquier cambio que se produzca se mantenga en el tiempo.

 

La ayuda, además de ser mejor cuando es inteligente y adaptada a la persona, también es más positiva cuando nace de la honestidad y el corazón. Cuando lo hacemos porque la persona nos importa y no para que, por ejemplo, nos deje de molestar.

Ahora, ¿qué puedes hacer para ayudar a una persona mayor que no se siente bien emocionalmente? Estas son algunas medidas puntuales:

-Intenta que ponga en cuestión los pensamientos negativos, de la misma manera que su estado de ánimo le induce a hacer lo propio con los positivos. Hazlo con afecto. Si te dice que siente que ya no puede hacer nada bien, pregúntale si podrías hacer algo para lograr que eso cambie. Si dice que nada le interesa, permítele que hable libremente sobre sus razones, sin confrontarlas.


-No permitas que pase el día sin hacer nada. Ayúdale para que encuentre pequeñas tareas productivas con las que pueda sentirse útil.


-Fomenta sentimientos positivos. Ayúdale a rememorar buenos momentos, logros, etc. Consulta su opinión y hazle saber que valoras su sabiduría y experiencia. Hazle sabe que su opinión para ti cuenta.


-Ofrécele estímulos para que encuentre actividades que le resulten gratificantes, por pequeñas que sean. Un paseo matutino, la lectura, la jardinería, cualquier actividad está bien.


-Ayúdale a estructurar una rutina. La tristeza y la depresión hacen que a veces se pase mucho tiempo en la cama, o demasiadas horas viendo televisión. Podemos sentarnos con ella y reorganizar juntos su horario. Eso sí, nosotros podemos proponer, pero será ella la que tendrá la última palabra. De otro modo, tendremos que hacer una labor de supervisión constante para que los cumpla.
 

Saber envejecer es proceso en el que suelen existir momentos emocionalmente complicados. Ganamos mucho cuando descubrimos que apoyar a aquellos que son más vulnerables también una manera de hacernos un bien a nosotros mismos. De llenar nuestra vida de significado y de darle mayor sentido a lo que somos.

 

*Nota: la tristeza, definida de forma estricta, es una emoción y como tal no puede prologarse mucho en el tiempo. En este artículo, con tristeza más bien nos referimos a un estado en el que predomina la melancolía, la desesperanza y la propia tristeza, más que a la emoción en sí.

 

¿Conoces la respiración diafragmática? Practicarla con tu peque es sencillo!!

¿Conoces la respiración diafragmática? Practicarla con tu peque es sencillo!!

27/10/2018

EJERCICIO DE RESPIRACIÓN

 

 

Los juegos de respiración generan múltiples beneficios como la disminución del estrés muscular y mental, la mejora de la concentración y el aumento de la confianza del niñ@ en sí mismo.

 

 

RESPIRACION ABDOMINAL O DIAFRAGMATICA: Se les explica a los niños que cuando están nerviosos o asustados su cuerpo da señales. Para que las comprendan se les cuenta la siguiente historia:

 

 

“Antiguamente uno de los peores enemigos de los cavernícolas era el tigre de Bengala. Debido a las cosas que los cavernícolas habían oído decir del tigre, le tenían miedo ya antes de haber visto ninguno. La primera vez que un cavernícola oyó el rugido de un tigre de Bengala, su corazón empezó a latir muy deprisa y su respiración se hizo más rápida mientras apretaba las mandíbulas.  El estómago se le encogió y sintió como sus piernas temblaban a causa del miedo”.

Cuando estamos nerviosos o asustados nos pasa como al cavernícola, respiramos muy deprisa, para aprender a sentirnos mejor es importante que sepamos respirar bien.

1º Vamos a hacer como el cavernícola: Respirad hacia dentro y hacia fuera muy deprisa, como si hubiera un tigre que os asustara. (Esperar a que los niños hayan respirado diez veces de esa manera, no más, y preguntar entonces): ¿Cómo os sentís? ¿mareados o débiles? Así es como os sentís cuando estáis asustados o nerviosos, incluso a veces os podéis sentir aún peor. (SI SON NIÑOS PEQUEÑOS PODEMOS HACER QUE CORRAN UN POQUITO PARA QUE SE LES ACELERE EL RITMO CARDIACO Y LA RESPIRACION, “MI CORAZON HACE BUM BUM”)

Ahora vamos a aprender cómo debemos respirar para sentirnos mejor.

Acostados boca arriba, poner una mano sobre el pecho y otra sobre la tripa. Respirad hacia dentro y hacia fuera. ¿Sentís como se mueven las manos? Ahora respirad hacia dentro mientras yo cuento y luego respirad hacia fuera mientras yo sigo contando (alargar la cuenta progresivamente de modo que los niños inspiren al contar cuatro, pausa para dos y luego exhalen lentamente al contar dos) Pensad que sois un globo que poco a poco se tiene que inflar con aire, pero lo más importante es que el aire infle vuestra tripa. Coged aire y notad como se infla la tripa y sube mientras la llenáis con el aire.

Coger aire: 1, 2, 3,4: la tripa sube – Aguantad: 1,2 – Desinflar la tripa: 1, 2, 3,4.

Seguir respirando hacia dentro y hacia fuera muy lentamente.

 

 

 

 

Trabajar en las siguientes sesiones la respiración abdominal y tratar de generalizarla a la posición de sentados o de pie.

 

 

 

 

Llámanos 664 081 267 Contactar 664 081 267